En Hannah, el director Danny Traverso se adentra en un mundo crudo y explícito que rinde homenaje al cine de terror de los 80 y 90, con influencias de títulos icónicos como La última casa a la izquierda y I Spit on Your Grave. En esta entrevista, Traverso comparte los desafíos de rodar una historia intensa con un presupuesto limitado, la evolución del proyecto y cómo su estilo ha cambiado a raíz de este corto que ha impactado a audiencias alrededor del mundo.
Hannah tiene un enfoque muy interesante. ¿Qué te inspiró a contar esta historia y cómo surgió la idea inicial?
En realidad, no hay una sola cosa como tal que nos llevara a esta historia. Lo único que teníamos claro es que queríamos contar una historia que estuviera muy lejos de lo políticamente correcto que tanto se lleva ahora y que, al mismo tiempo, cumpliera con los clichés típicos de muchas de las películas de terror de los 80 y 90 con las que hemos crecido gran parte del equipo: mucha sangre y un toque de sexo. De hecho, desde el primer guión de “Hannah” a lo que filmamos hubo cambios enormes. Cada vez que le dábamos una vuelta al guión sentíamos la necesidad de hacerlo más crudo. A su forma, “Hannah” no es otra cosa que un pequeño homenaje a películas como “La última casa a la izquierda” o “I spit on your grave”.

Los temas y atmósferas en Hannah parecen tener un gran peso narrativo. ¿Cómo fue el proceso de trabajar la estética y el tono de la producción?
Cuando empezamos a planear el rodaje nos encontramos un problema: rodar exteriores de noche era muy caro y requería de una logística de la que no disponíamos. Contar gran parte de esa historia de día se convirtió en un auténtico reto. Nos centramos mucho en que todo tuviera un aspecto bastante sucio y enfermizo para ganar en crudeza en la narrativa.

Como cineasta, ¿hay algún desafío particular que enfrentaste durante la creación de Hannah y cómo lo superaste?
Todo fue un reto tras otro, cada uno con su problemática propia. Probablemente el principal fue tener un presupuesto muy pequeño, lo que nos obligaba a ser muy imaginativos para conseguir lo que queríamos hacer con muy pocos medios. Muchas escenas requerían de maquillaje de efectos especiales que llevaba horas hacer. Otras incluían desnudos o momentos de sexo, y fuimos extremadamente cuidadosos para que los implicados estuvieran cómodos en todo momento. Al ser un cortometraje pensado para participar en festivales todo está muy concentrado, hay que contar una historia en muy poco tiempo para que se ajuste a las reglas de duración que te exigen los festivales y eso hace que cada plano cuente. No hay margen para poder extender un poco alguna escena que me habría gustado que durase más o haberla hecho de otra forma más relajada en cuanto a su duración.
Otro reto importante fue la logística: Esmée venía de muy lejos para filmar y rehicimos todo el plan de rodaje para concentrar sus partes en solo un par de días para ser más eficientes a la hora de rodar. Por otro lado, hubo algún día que usábamos al menos dos localizaciones distintas y en alguna solo teníamos apenas unas horas para hacer lo que necesitábamos. La logística, en general, fue muy compleja. Con toda seguridad, diría que fue lo que se me hizo más tedioso. Además, no éramos un equipo especialmente grande, pero era complicado hacer coincidir a todo el mundo y eso hizo que el rodaje se alargara varias semanas.
En realidad, todo el rodaje en sí fue un reto tras otro: rodar a las mismas horas en los mismos sitios para que la luz fuera coherente; la escena del bar, para la que tuvimos muy pocas horas; las escenas en la playa, en las que la gente se agolpaba junto a nosotros para ver qué hacíamos… Todo fue muy complejo, pero con planificación y mucha imaginación conseguimos superar todos los retos que iban surgiendo.

Sabemos que tienes un estilo muy distintivo. ¿Cómo crees que Hannah se alinea o se diferencia de tus trabajos anteriores?
“Hannah” es una historia muy, muy explícita es todos los aspectos. Tenía que ser así para que fuera impactante, y teníamos que conseguir transmitir esa crudeza y realismo al espectador. Seguramente sea eso lo que más diferencia “Hannah” de cualquier cosa que haya hecho antes. Es ficción, pero tenía que parecer muy real, y creo que hemos conseguido que el espectador capte esa intención. Sin duda, habrá un antes y un después de “Hannah” en mi forma de hacer cine.

¿Qué esperas que el público se lleve de Hannah?
Soy consciente de que “Hannah” tiene un público muy concreto, tal vez más limitado que si hubiésemos optado por contar otro tipo de historia más accesible. De hecho, era algo de lo que hablábamos mucho según avanzaban los días de rodaje, y nos gustaba que “Hannah” tuviese esa personalidad tan marcada. Carmen, Roberto y Esmée hicieron un trabajo brutal con sus personajes para conseguir esa personalidad tan marcada. Esperamos que el público disfrute de un film honesto y artesanal, y que lo pase bien (o mal) mientras lo ve. El feedback está siendo genial. A la gente le está gustando ese erotismo enfermizo que tiene desde el principio e incluso ha habido gente que nos ha dicho que no ha podido terminar de verlo por su dureza. A su forma, creo que es un buen síntoma, porque nos dice que hemos conseguido llegar donde queríamos y el recorrido que está teniendo en festivales por todo el mundo nos confirma esa sensación.

¿Puedes compartirnos un poco sobre los proyectos en los que estás trabajando actualmente o los que tienes planeados para el futuro?
Acabamos de terminar una serie de cuatro documentales que comenzamos a grabar el verano pasado (nada que ver con el terror o el gore, pero ha sido una experiencia tremendamente enriquecedora) y un trabajo para FITUR (una feria internacional de turismo que se celebra en Madrid a finales de enero). El futuro inmediato está lleno de proyectos. Ahora mismo tenemos dos guiones listos para empezar a rodar en cuanto terminemos de cerrar las selecciones de casting y, mientras, seguimos trabajando en nuevas ideas para nuevos proyectos. 2025 tiene muy buena pinta.

Leave a comment